Fuckfriends: Coudda, Shoudda, Woudda

Tannnnnnto se ha escrito ya sobre este temita. Y yet again aquí seguimos, mas viejos pero no por eso más sabios. Siendo una criatura de las emociones, me he pasado casi el 60% de mi salida al mundo gay estando de novio. El 40% se divide en 20% de etapas de maquinaciones emocionales de “Me quiere/no me quiere”, 5% en días completamente apáticos y un restante de 15% de REAL DISFRUTE de la soltería.
Ahora bien. Qué implica realmente disfrutar la soltería? Dado el background y nivel de constipación emocional de cada uno, la soltería puede ser un estado temido o terriblemente deseable. Todo por supuesto en este mundo es cuestión de perspectiva.
En el caso de que tengas suerte y consigas no ver a tu solteria como un castigo celestial, se abre un amplio abanico de situaciones posibles donde hay que elegir una postura. Y es ahí donde entran nuestros queridos amigos anónimos, los Fuckfriends. Esas pequeñas puertas al placer carnal sin compromisos, que uno puede ordenar como si fueran una pizza y tardan menos en venir. La tecnología de hoy en día nos ofrece muchísimas formas de encontrar a estos amiguillos con derecho a roce. El MSN o el Facebook son tremendos catalizadores. Incluso cuando no tengas nada en común con esa persona. Sin ir más lejos, acabo de estar chateando unos minutos con alguien del Facebook que clickeó “Si” en la aplicación “Are you Interested?” y ya sé que no tenemos nada en común y que no es el amor de mi vida. Ahora, eso no es impedimento alguno para juntarse a charlar un rato, tomar algo y eventualmente compartir una cama.
El problema es saber cuando demasiado.. es demasiado. La líbido alta es un gran liberador de dopamina (esa hermosísima encima que nos hace sentir contentos, orgullosos y, en algunos casos, inhibe nuestras banderitas rojas mentales que gritan “CUIDADO! ZONA PELIGROSA!”. Ergo, podemos vernos repentinamente en situaciones indeseables o potencialmente peligrosas. La dopamina no proviene de un suministro constante, por supuesto, lo cual nos hace vivir algunos momentos donde nos paramos a reflexionar nuestra situacion:
Y ahí llega el “Coudda, shoudda, wouldda”. O, en nuestro idioma; “Podria, debería, haría”. Ese momento cual consciencia en medio de la ebriedad, que nos hace cuestionar nuestras acciones pasadas y futuras. Pragmáticamente, no le veo ningún tipo de mala consecuencia a una vida sexual activa con diferentes personas, siempre y cuando haya consciencia y cuidados (las ETS son un mal potencial y de riesgo para todos, ya lo sabemos). Pero quizás a veces quedan vestigios conservadores en nuestra liberada mente.
Preocupaciónes como “Qué pensarán” o “Qué tan perra soy?” o la gran e INCOMODISIMA situación de estar en un grupo de “amigos” y darte cuenta que te encamaste con más de la mitad de ellos, chocan con la actitud de que, en el fondo, no existen consecuencias terribles para uno mismo. O sí! He ahí la cuestión. Suponed ahora que me hallo en esa situación. Me afecta directamente a mí que uno de ellos se enoje con otro al descubrir que ambos han compartido su cama conmigo? Creo que no (dependiendo obvio del nivel de estimación que se tenga a esos individuos). Ahora, me afecta tal vez ser “separado” de ese grupo, juzgado por causar discrepancias y roces entre sus miembros? Creo que si (aunque, de nuevo, puede no importarme un carajo y entonces no hay problema).
He ahí la cuestión, queridos míos, que me acosa.
Cuando se trata de Fuckmates: Existe una política que podamos seguir para lidiar con ellos? El problema es que hay demasiadas variables involucradas. Tu actitud, su actitud, el lugar común, las personas en común. Ni hablar, GOD FORBID, de los casos en que existe una conexión con tu nuevo Fuckmate y tu ex-novio, donde ahí entran en juego escenas de celos, preocupaciones insulsas, cosas que uno no desea escuchar.
O tal vez Samantha Jones tenga la posta. Lo malo de estar comprometido es perder la posibilidad de que tu próxima cojida grandiosa se encuentre a la vuelta de la esquina. Aunque claro, como le pasó a ella, en algún momento ninguna gran cojida podrá competir con el sexo con sentimientos, y entonces nada de esto importará y volveremos a sentirnos incompletos, como Princesas de Disney esperando que nuestro Principe Encantador llegue a darnos las mariposas de panza que tan bien nos harían.
Todo es cíclico. Tal vez la clave sea aprovechar los momentos de soltería para revolear la chancleta todo lo que queramos… y seguir soñando con hallar a alguien que nos haga sentir -y querer- revolear la chancleta sólo para él, todas las noches, hasta el fín.
Santiago.-
