15 de Diciembre

15 de diciembre de 2006 Strips | Comments (0) Yue @ 12:09

Strip 0242

“Somos putones inconformables?”

A veces me llama terriblemente la atención lo gataflora que puedo llegar a ser. Sinceramente no recuerdo como era todo ese asunto de llamar “gataflora” a alguien inconformista, creo que era un proverbio o algo así. En fin, para no dejar afuera a nuestros lectores no argentinos -que son muchos- solo explicaré que era algo así como que alguien que quiere algo y cuando lo tiene ya no lo quiere, es una “gataflora”.

En fin.

Habiendome mudado hace 3 años ya al norte de la Capital Federal, ya estoy acostumbrado a que mi vida social esté fuertemente modulada por la distancia y las ganas de moverse del punto A al punto B. Especialmente cuando se trata de gente viniendo hasta acá. Claro que antes, cuando vivía en Capital, si me llamaba alguien a las 3 de la mañana para ir a algún lado ahí estaba yo listo y feliz en la parada del colectivo 41. Hoy en día, y a pesar de ese maravilloso invento llamado automóvil, el desplazarme hasta allá requiere un esfuerzo de voluntad sobrehumano.

Así y todo, cuando estoy sólo en mi casa a la noche y no tengo nada que hacer, me estresa muchísimo no estar haciendo algo con alguien, saliendo, etc. No obstante, en las ocasiones en que sí me invitan a algun lado, generalmente me agarra una pereza tremenda de moverme hacia el mundo exterior.

Es un problema verdaderamente serio. Hete aquí que esto no solo se expresa en situaciones de “Salir o no salir, esa es la cuestión”. Muchas veces, se expande hacia gente con la cual querés que pase algo y cuando pasa ya no querés, cosas que te querías comprar y cuando te las compras ya no las querés, cosas que querías oír y al oírlas ya no las querés oír, alfajores que compras para comerte y cuando los abrís ya no los querés más.

No se me ocurre una solución al respecto.. supongo que todos somos algo gatafloras en algún punto. No digo que esto sea absoluto, pero la histeria es un síntoma altamente comprobado por nuestro psicólogo preferido Segismundo “Frói”, que a veces parece volver de la tumba para apoderarse de nuestras impotentes y manipulables mentecillas.

Se dice que el ser humano es movido por deseos. En muchos sentidos, cada cosa que uno hace puede reducirse a eso. El deseo de contacto humano. El deseo de alimentarse. El deseo de expresarse, de moverse, de recibir una educación, de recibir estímulos artísticos. A lo mejor habría que hacer una clara distinción entre aquellas cosas que realmente deseamos y necesitamos para estar bien y conformes, y el ENORRRME BAGAJE que constituyen los deseos que nos auto-imponemos en pos de encajar en una sociedad con estándares fuertemente marcados. Comprarse ropa de tal marca, tomar Coca-Cola o comprarse la revista Cosmopolitan.

A lo mejor, si lográramos alcanzar la claridad en cuanto a esa clasificación de deseos podriamos dejar de completar aquellos deseos falsos y sociales y dejar de darnos cuenta de que en realidad no los queríamos, una vez que los conseguimos. De más está decir -y aquí estoy nada más que especulando algo de lo cual estoy seguro- que muy posiblemente los deseos falsos y sociales sean los más fáciles de conseguir, mientras que los deseos verdaderos sean bastante más duros y difíciles. Eso explicaría por qué nos es más atrayente llenarnos de cosas realizadas pero prescindibles.

La pregunta inevitable que me invade, queridos míos, es la siguiente: En un mundo donde ver televisión significa que nos obliguen a pensar que si no te ponés perfume, te comés una hamburguesa GIGANTE y no consumís yogures 0% colesterol, tenés que ser muy tarado para no ser feliz -cómo decía Miguelito en aquél chiste de Mafalda-… cómo podemos saber qué deseos son verdaderos?

Lo único que me surje como posible respuesta es lo que le dice Mufasa a Simba cuando se le aparece entre las nubes: “Mira en tu interior para encontrar tu lugar en el círculo de la vida” (bueno, lo del circulo de la vida no, sólo la parte de mira en tu interior ^_^)

yh.-