08 de Noviembre

Esta situación me puso a pensar sobre los clichés y cómo tantas veces nos podemos auto-discriminar sin darnos cuenta. La primera vez que pensé en eso fue hace unos cuantos cuantos años, en el auto con mi padre. Unos rabinos cruzaban la calle y mi papá (demostrando una vez mas la fuerte MUGGLENESS que lo caracteriza) empezó a decir que cómo los judíos se autodiscriminaban, diferenciandose tanto a través de su aspecto.
Recuerdo que en ese momento me parecio un pensamiento de lo más estúpido, por lo cual volví a centrar mi atención en el comic de Garfield que tenía en mis manos.
Hoy, como 10 años despues, me doy cuenta de que a veces uno tambien participa en esa juzgación, sin darse cuenta tal vez. Aunque claro, se ha dicho mucho sobre el gay: Es lo que hacemos. Algunos hacen artes y oficios, nostros, juzgamos. Por eso cuando dije “que poco gay que sos” al ver que fellini disfrutaba tanto del futbol, me dí cuenta de que los genes muggle a veces se transpasan un poquito (aunque el hijo sea brujo y todo).
Será que en algún punto nos gusta sentirnos diferentes? Cuando me pongo mi remera de I “rainbow” San Francisco.. realmente lo hago porque me gusta, o será que por debajo solamente quiero que quede claro para qué equipo participo.
Y mas profundamente, por qué existe la necesidad de aclarar, o en todo caso, dividirnos, en equipos diferentes? Supongo que las personas siempre se fijan en lo que nos diferencia, más que en lo que nos unifica. En vez de decir “somos humanos”, decimos “negros y blancos”, “gays y heterosexuales”, “cristianos y -inserte cualquier religion aquí-”, “Mc Donald’s y Burger King”, “Una almohada y dos almohadas”.
Es posible que nos guste, aunque sea un poquito, discriminarnos a nosotros mismos, en un desesperado intento de resaltar, o individualizarse, en una era donde el marketing, la publicidad y la tecnología no dejan de hacer que nos parezcamos cada vez más el uno al otro?
Por alguna extraña razón, automáticamente decretamos que a un heterosexual tiene que gustarle el asado, el futbol, y las cosas rudas (ni hablar de la ropa, si un heterosexual se viste bien, no hay quien no lo cale de “gay”), y a un homosexual le tiene gustar el color rosa, la atención, el bricolage, los musicales y Sex and the City.
No sé al respecto de todo lo demás, pero pienso que tal vez en el mundo habría menos problemas si la sexualidad pasara solamente por el hecho de acostarse con alguien de tal sexo. Pero de alguna manera, nos la hemos arreglado para que cada sexualidad traiga consigo un bagaje de características y requisitos no-sexuales que deben estar presentes para poder definirnos cómo tal.
Tal vez un gay que le gusta el futbol, y un heterosexual que le interesa la moda sean excelentes modelos a seguir para escapar del encasillamiento. Quien sabe… a lo mejor la clave de la armonía mundial no es más complicada que dejar de mirar tanto lo que hace la persona que tenemos al lado, y prestarle más atención a lo que tenemos adentro y a por qué nos gusta usar remeras que griten “gay” a los cuatro vientos.
yh.-
