nº 0156

Mamá siempre me criticó mi forma de vestirme. Claro que aunque hasta que no entré en mi etapa de gay asumido, el buen gusto estético era todo un misterio para mí. No digo que ahora tenga la fashion vision de Dolce & Gabbana, pero al menos mi vestuario ya no es 100% beige y abolsado (porqué nadie nunca me lo dijo!?)
Pero ocurre que me gusta ponerme cosas originales y raras. O baratas. El otro día con Bruno entramos a una feria americana algo bizarra donde habia un perro tirado en el suelo (quiero creer que solo tomaba una siesta) y me compré un sobretodo azul larguísimo y abrigado por 28 módicos pesos. La señora, de todos modos, era bastante mala vendedora, porque mientras me lo embolsaba me comentaba que lo lave antes de usarlo porque el dueño anterior habia sido un vagabundo amigo de ella bastante anti higiénico. Encantador.
El año pasado me compré en otra feria por 20 pesos una levita a lo Moulin Rouge que me sirvió para mi costume de Fiolo el año pasado en Los Miserables.
Lo que ocurre es lo siguiente, mis queridos lectores: Como dice mi amigo Segundo, “No importa lo si lo que te ponés es horrible, importa si lo usas con cancherez, como hacés vos para que eso te quede bien aunque sea un adefesio.” (esta cita no es 100% literal).
El ejemplo vivo de esto es Sarah Jessica Parker, que hasta que TODOS los diseñadores de moda no se avivaron y empezaron a mandarle ropa para que use en Sex and the City, a veces se vestia con cosas espantosas pero que de alguna manera le quedaban bien.
Asi que finalizando este episodio de educada frivolidad, me despido de vosotros!
Próxima clase: Como hacer prácticos envoltorios de papel de diario para conservar fresco el sabor de sus comidas en la heladera.
yh!
